El golf no es una cuestión mental… Es una cuestión emocional
Para jugar al máximo nivel, tienes que controlar más tus emociones que tus pensamientos. Así es como mantienes a raya tus expectativas y, sí, reduces ese nivel de estrés para poder evitar desastres en el campo y disfrutar de verdad de este deporte que tanto te gusta. A continuación te presentamos siete estados emocionales que pueden afectar a tu juego durante una ronda, y cómo puedes superarlos.
VERGÜENZA
Hay momentos en el golf que son tan humillantes, tan desconcertantes, que te hacen hacer cosas que horrorizarían a tus hijos si lo vieran. No me refiero a cuando fallas un golpe con un 4-iron; ese golpe ya no esperas acertarlo. Son los golpes sencillos los que carryn el riesgo emocional. Piensa en ese golpe de dos pies para un «birdie» que tus compañeros te obligan a «putt». Qué vergüenza sería si fallaras. Es solo un pequeño toque al «putter», y sin embargo muchos intentos ni siquiera se acercan al hoyo. Puedes fingir incredulidad, buscar algo a lo que echar la culpa, pero la vergüenza es real.
QUÉ HACER: En primer lugar, comprende que el miedo a la vergüenza proviene de lo que tú supones que tus compañeros de juego están pensando y van a decir. La verdad es que no les importa. Están absortos en sus propias partidas. Así que deja de preocuparte. El verdadero daño es lo que todo ese estrés le hace a tu cuerpo: se apodera de tus acciones y convierte tu «stroke» en un golpe rígido y espasmódico. No hay nada que hacer. La solución es reducir el objetivo y acortar el momento, como quien lanza un tiro libre. Cuanto más te quedes atrapado en la emoción, peor se pone. Elige un pequeño punto en la parte trasera del hoyo, échale un vistazo y lanza.
RABAEsto no es frustración. Es ira en estado puro, descontrolada. Te dan ganas de lanzar el palo a un estanque o partirlo sobre la rodilla. ¿Cómo has llegado a esto? Quizá empezaste con un «bogey» descuidado, luego un doble… y la ira empieza a hervir. Y llega la tormenta perfecta: lanzas un golpe de «tee» que sale demasiado alto, dejándote un sencillo «wedge», y lo echas todo por la borda. Tu ira se convierte en rabia tras fallar dos «chips» y hacer un «triple» con tres golpes. Estás acabado.
QUÉ HACER: Por muy espontánea que parezca la rabia, ya está ahí mucho antes de que empiece la ronda. Lleva ahí desde que tus expectativas dejaron de coincidir con la realidad. Empezó la noche anterior, cuando te imaginabas jugando un golf perfecto y batiendo tu mejor marca personal. Esas predicciones generan tensión, y ahí está el problema. Para evitar la furia, admite ante ti mismo que este juego es difícil y que vas a cometer errores. Recuerda: no eres tan bueno; no entrenas lo suficiente como para enfadarte. Si sientes que la rabia se acerca, piensa en el «profesional de la segunda bola», ese tipo que deja caer una bola tras un golpe terrible y la clava a la perfección. Intenta recuperar esa sensación de libertad antes de dar el mal golpe.
CULPA
Aquí tienes otro dilema emocional que suele colarse y arruinarte el día. Imagínate en el campo jugando como un payaso, después de haberle dicho a tu pareja que estarías cuatro horas y ya van seis… y te has perdido el partido de fútbol de tu hijo. Cuando tus drives vuelan y los putts entran, esos pensamientos no te provocan mucha emoción, pero cuando tu partida se tuerce, la culpa se apodera de ti y lo arrasa todo.
QUÉ HACER: Para empezar, date cuenta de que la culpa es una emoción totalmente inútil. No vas a poder racionalizar lo que te estás perdiendo ni a quién estás enfadando. Ahora estás ahí fuera, y ninguna serie de excusas o historias que puedas contarle a tu familia va a cambiar nada. Comprométete a sacar el máximo partido a lo que te queda de la ronda. Intenta convertir tu culpa en gratitud. Al fin y al cabo, estás haciendo lo que dices que te encanta. Si necesitas un recordatorio, coge tu rotulador Sharpie y escribe «gratitud» en tu guante. Cuando te sientas arrepentido, mira esa sencilla señal y aprovecha la oportunidad que te brinda cada golpe a medida que se presenta.
La pérdida causa dolor, y no me refiero a perder un gran torneo. Me refiero a las pequeñas pérdidas que ocurren constantemente. Te quedas atascado en un atasco, te saltas el calentamiento y luego top en el primer hoyo. Por muy tonto que suene, estás lamentando la pérdida de haber tenido un buen comienzo. O bien haces un «three-putt» en el primer hoyo desde 10 pies, convirtiendo un «birdie» en un «bogey». O tu compañero de partido lanza una bola fuera de límites (OB) y declara: «Este hoyo es tuyo, amigo», y entonces te acercas y haces lo mismo. La cuestión es que sufres una pérdida inesperada, por lo que te encuentras en un estado leve de trauma.
QUÉ HACER: Tomemos el ejemplo del compañero. Tu concentración pasó de «Solo tengo que ponerla en juego» a «No la mandes fuera de límites». Tu preocupación por no decepcionar a tu compañero te pone tan tenso que lo único que consigues es golpearla de lado. En lugar de eso, prométete darlo todo, pero con un golpe que sepas que puedes pull. Elige tu palo de confianza, quizá un 5-woodo o un híbrido, aim aléjate del peligro y swing con el objetivo en mente —sin pensar en aspectos técnicos—. Mantén la postura de final de swing, sintiéndote bien por haber realizado el swing con determinación, no por cobardía. La tristeza no te afectará si sabes que no has rehuido el momento.
ABURRIMIENTO
Una ronda típica de golf es un largo recorrido. Si a eso le sumas unos cuantos cuartetos lentos por delante, quizá algo de tiempo extra en el bosque, lo largo se hace muuuuy largo. En algún momento, aparece el aburrimiento. ¿Qué pasa entonces? Pierdes la concentración. Empiezas a revisar mensajes y correos electrónicos. A la hora de dar los golpes, no les prestas mucha atención o empiezas a intentar cosas descabelladas porque estás aburrido. Sea como sea, no me gustan tus perspectivas.
QUÉ HACER: La buena noticia es que el aburrimiento es una emoción que puedes anticipar. Desarrolla un «desencadenante» que te permita activar y desactivar tu atención. Quizá sea ponerte el guante o dar un golpecito con el «clubhead» en el suelo antes de hacer un «swing» de práctica. Es un pequeño gesto físico que te indica que es hora de concentrarte durante los próximos 30 segundos. Después de batear, déjate llevar y desconecta. Dicho esto, no me entusiasma la idea de consultar los mensajes: te arriesgas a ver un correo del jefe o el extracto de la tarjeta de crédito. Desconectar te permite acumular energía emocional, y a todos nos vendría bien un poco más de eso. Solo asegúrate de tener una señal que te haga volver a concentrarte.
SOLEDAD
Este es un tema complicado, porque en el golf se pasa mucho tiempo a solas. Eres tú quien elige los golpes, quien recuerda esas sesiones maratonianas en el campo de prácticas, quien conoce esa lista de control de «swing» que tienes en la cabeza. Como resultado, el juego puede resultar aislante, sobre todo cuando sales al campo y todo se va al traste. Te encuentras buscando golpes «tee» entre los matorrales mientras tus amigos charlan animadamente en el «fairway». Los golfistas dicen que les encanta el reto interior, pero, tío, a veces puede resultar bastante deprimente.
QUÉ HACER: Ten cuidado de no volverte demasiado introvertido. Caminar con la cabeza gacha, darle vueltas a pensamiswinges, sin pausas para socializar… Apuesto a que así no es como juegas mejor. Piensa en tus rondas más satisfactorias. ¿Cómo eres entonces? Apuesto a que estás contando historias y echándote unas risas. Estás reaccionando a lo que tienes delante, centrado en el objetivo y sin darle demasiadas vueltas a la técnica. Cuando pierdas ese empuje, obliga a tu mente a reiniciarse. Imagina que acabas de terminar los nueve hoyos y, mentalmente, lleva el club de la mitad del recorrido hasta donde estás. Tómate una «cerveza mental» y spulla una bola nueva. Deja de darle vueltas y vuelve a jugar.
ESPERANZA
Sé que parece una locura que la esperanza pueda ser negativa, pero a menudo lo es. Es como el pensamiento positivo: «Puedo hacer cualquier cosa que me proponga». Creer eso te lleva a jugar de forma más agresiva y a asumir demasiados riesgos. Imagina que empiezas la ronda con un doble-doble y luego metes un tiro de 40 pies para un «birdie» en el hoyo 3. «¡He vuelto, tío!». Así que intentas un «draw» alto desde el siguiente «tee» y la lanzas hacia los árboles. Has confundido la confianza con la competencia.
QUÉ HACER: Adopta un pensamiento realista, incluso negativo, lo que significa ser sincero sobre tus puntos débiles. Toma notas en tu hoja «scorecard» antes de dar el primer golpe. Marca con un círculo los hoyos en los que puedas ser agresivo y señala aquellos en los que debas jugar con cautela. No te dejes llevar por las posibilidades solo porque acabe de pasar algo bueno. En su lugar, confía en el plan que elaboraste cuando no te dejabas llevar por las emociones. Si el plan indica un 3-wood, juega un 3-wood. La esperanza no es una estrategia.
Will Robins, uno de los 50 mejores profesores según Golf Digest, afincado en Granite Bay (California), es el creador de «The Scoring Method».
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Fuente original: Golf Digest. Ver artículo en golfdigest.com