La «droga de iniciación» del golf tiene un nombre: «euforia del golpe»
La peor pregunta que le puedes hacer a un golfista cuando esperas tener una conversación breve es: «¿Qué tal te ha ido?».
La respuesta siempre contiene más información de la que necesitas y suele incluir dos elementos recurrentes:
1. Podría haber ido mejor.
2. Pero hubo un golpe en concreto.
Siempre hay al menos un golpe, de esos que te hacen volver, como dice el refrán. El fin de semana pasado, en un torneo mientras probaba una serie de cambios en el «swing», jugué, como era de esperar, muy mal, pero aun así, podría citar un puñado de ocasiones en las que parecía que estaba a punto de dar el salto.
A esto se le llama «euforia del golpe» y, como explica Greg Nathan, director ejecutivo de la National Golf Foundation, es una de las principales razones por las que muchos de nosotros acabamos siendo golfistas.
La NGF es el organismo que realiza un seguimiento del estado general del golf: cuántas rondas se juegan, quién juega con más frecuencia, qué motiva el comportamiento de los golfistas. Aunque el tópico habitual en el golf es «hacer crecer el deporte», Nathan prefiere plantearlo como «crear golfistas», lo que significa comprender qué puede convertir a alguien que se inicia en el golf en alguien que quiera seguir practicándolo.
La investigación de la NGF sobre golfistas ocasionales que se convierten en jugadores habituales identificó cuatro elementos que contribuyen a ello. Los dos primeros reflejan la cultura del golf: sentirse a gusto en un entorno de golf y entre otros golfistas. Otro tiene que ver con tener la habilidad suficiente para disfrutar del juego (lo cual no es lo mismo que ser bueno).
El cuarto es la «euforia del golpe».
Aunque la «euforia del golpe» suena menos a un dato estadístico y más a una atracción de Disney World, la NGF se lo toma en serio, y un golfista probablemente pueda entender por qué. Gran parte del golf gira en torno a diversos grados de fracaso: mitigar los errores, jugar con las probabilidades. El buen golf depende más de fallar en el lugar adecuado que de derribar banderas. Pero quizá porque el juego es tan difícil, anhelamos un consuelo intermitente.
«Que la bola vuele por el aire tal y como te la imaginas en tu mente o la sensación de un golpe bien ejecutado y compacto, esa es la droga del golf», dice Nathan. «Tú y yo nos pasamos el resto de nuestras vidas intentando conseguir ese pequeño subidón. Si el golpe requería un «cut» o un «draw», lo has creado con tu cuerpo tal y como lo habías imaginado en tu mente».
Esta última parte es importante para comprender la mentalidad de un golfista. La euforia de un golpe no es fruto de una intervención divina, sino algo que tú has hecho. «Una ventana a tus capacidades», como dice Nathan. Para los golfistas como yo, obsesionados con mejorar, esos golpes perfectos ocasionales sugieren que, enterrado en algún lugar bajo la montaña de dudas y de inconsistencia, se encuentra el verdadero golfista tratando de liberarse.
Es natural desear esos golpes cada vez que nos colocamos frente a la bola, pero el golf es demasiado tacaño para concedérnoslos. Sin embargo, suele darnos lo justo para que queramos volver.
Fuente original: Golf Digest. Ver artículo en golfdigest.com